¿Por qué es importante volar un drone de manera legal?

Volar un drone no es un juego. Lo tuve claro desde el principio. Por ese motivo cuando decidí profesionalmente ofrecer este servicio lo primero que hice fue formarme, examinarme, obtener la licencia, pasar una revisión médica y asegurar el drone para responder ante posibles incidencias.

Tuve claro que una máquina que pesa más de 2kg y que puede volar a 120 metros de altura no es un juguete y que hay que tener respeto y cuidado a la hora de pilotarlo.

De hecho, déjenme que cuente una anécdota que viví en primera persona. Al poco tiempo de adquirir el drone, me fui a hacer unas prácticas a un descampado. El día era perfecto: sol y, lo más importante, sin viento.

Pues bien, al cabo de 10 minutos de estar volando y cuando este se encontraba a 80 metros de altura, los motores del drone se pararon y este cayó a plomo sobre el terreno. Como estaba en una zona descampada y estaba volando en condiciones VLOS (la nave en todo momento estava dentro de mi alcance visual), pude encontrar fácilmente el drone completamente destrozado.

De un principio pensé que la aeronave había caído por un fallo mío de pilotaje. Tenía poca experiencia y tal vez había tocado algún comando en la emisora que había provocado ese accidente. Pero comentando el incidente con un colega de profesión, este me comentó que lo ocurrido era muy extraño; que para parar los motores de un drone en pleno vuelo había que hacer una combinación de comandos muy especifica que es difícil realizar si no se conoce.

En ese momento empecé un periodo de investigación. Contacté con el servicio técnico del fabricante del drone y me solicitaron la información de vuelo del mismo para que ellos investigaran los motivos.

La información de vuelo recoge toda la información referente a las condiciones en las que se estaba volando el drone (viento, altura, etc.) y las ordenes enviadas desde la emisora para el pilotaje del mismo. Es como la caja negra de un avión. Con ello, podían averiguar si el motivo había sido provocado por un fallo técnico del drone o por un mal pilotaje.
Embalé el drone, lo envié a Holanda y recé para que el resultado fuera satisfactorio para mis intereses. Al cabo de una semana me dieron el veredicto: el drone había fallado por sí solo. Cosas que pasan, me dijeron. Como estaba en garantía, me enviaron un drone nuevo y a seguir volando.

Esta experiencia me hizo reflexionar y coger mucha más consciencia y respeto de la que ya tenía. Me dejó claro que esto puede pasar en cualquier momento y que la normativa está para que, cuando esto ocurra, no suceda ninguna desgracia.

¿Qué hubiera pasado si en vez de estar volando el drone en medio de un descampado hubiese estado volando encima de un núcleo urbano? ¿O por encima de personas? La desgracia podría haber sido incluso mortal. Suena exagerado pero así es.

Por eso todas las partes relacionadas con el mundo del drone tienen que tener consciencia y fomentar las buenas prácticas para que cuando un profesional esté volando el drone la sensación que transmita a las personas sea de seguridad y legalidad. A día de hoy, la gente que observa el vuelo de un drone se siente intimidada y atacada. Y esa sensación hay que reconducirla.
Sin duda, los primeros responsables somos los pilotos. Debemos haber obtenido la titulación realizando un curso de formación. Conocer la normativa para cumplirla y tener toda la documentación en regla (certificados médicos, seguros, etc). Y por supuesto volar únicamente cuando las condiciones y la normativa lo permitan.

Pero el cliente que contrata también tiene su parte de responsabilidad. Asegurarse de que la persona que contrata cumple con toda la legislación y cuenta con toda la documentación en regla es su deber para ayudar a proyectar una imagen de profesionalidad del sector.

Hay personas que vuelan el drone por encima de nucleos urbanos, o lo hace por la noche por poner algunos ejemplos. Lo hacen de manera ilegal poniendo en peligro a otras personas solo para conseguir visibilidad y obtener unos cuantos likes en redes sociales.

Estas personas no trabajan dentro de la legalidad. Crean intrusismo profesional dañando al sector y desprestigiándolo.

Lo peor es cuando ya no solo lo hacen como hobbie si no que se lucran con ello. A estos supuestos “profesionales” hay que exigirles profesionalidad por el bien de todos. Y esa exigencia tiene que venir de todas las partes.

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